Rafael Nadal reaparece ganando en Washington

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Sabe sufrir como nadie, pero también ganar.

El debut de Rafael Nadal en el ATP Washington 2021 se convirtió en una prueba titánica de resistencia. Un partido en el que el consagrado tenista fue de más a menos, pegando un impresionante bajón físico y de movilidad en el segundo set, pero en el que su entereza en los momentos decisivos fue demasiado para un Jack Sock desatado. Las bombas de derecha del jugador de Nebraska no sirvieron para quebrar la resistencia de Rafa, que acabó el duelo entre visibles muestras de dolor pero firmando un tie-break final digno de su categoría como top-3. Rafa sobrevive en Washington (6-2, 4-6, 7-6(1)).

Primer set

El inicio del primer parcial se convertiría en un pequeño aviso de lo que estaba por venir. Dos winners, uno con el revés cruzado y otro con una derecha muy angulada, que anticipaban lo que por momentos se convertiría en la tormenta perfecta. Eso sí: Nadal necesitó de engrasar la máquina en los primeros compases de un combate en el que todas las esquinas de la pista se utilizaban. Jack Sock salió dispuesto a pegar muy fuerte, invirtiéndose con la derecha y jugando un tenis hiperagresivo que, de primeras, pilló aún a Nadal con el piloto automático.

Solo un punto necesitó el manacorí para armarse de la confianza y adrenalina que el partido requería. Un punto que culminó con una derecha paralela tras lanzar un tweener espectacular. La grada, puesta en pie y absolutamente boquiabierta con el inicio del duelo, terminó por incendiar a Rafa, que daría el golpe necesario y sería el primero en romper la igualdad al servicio. No se puede decir que Jack estuviese jugando mal: se mantenía en pie con el revés, trataba de atacar con la derecha y en muchos puntos era quien dominaba… pero, claro, al otro lado de la red estaba Rafa.

Ceder el servicio cuando sientes que estás jugando por encima de tu nivel medio es una losa mental muy grande. Así lo vivió Sock, que en el final del primer parcial tomó decisiones demasiado precipitadas, con ataques sin estar en posición de finalizar el punto. Por si fuese poco, Nadal había abierto la caja de las esencias con la derecha: llegó a conectar hasta 11 golpes ganadores con este golpe, moviéndose sobre la pista como un boxeador e invirtiéndose con éxito para cerrar los puntos. Un primer parcial electrizante que Rafa se embolsaba por 6 juegos a 2.

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Segundo set

El mismo ímpetu salvaje que lanzó a Sock hacia el abismo en el primer set fue, muy probablemente, lo que le mantuvo vivo al inicio del segundo parcial. Cuando muchos hubiesen vuelto a la pista absolutamente derrotados, sintiendo la dureza de un 6-2 a pesar de estar cerca en sensaciones de su rival, el estadounidense siguió confiando en sí mismo y trató de poner a la grada de su parte, buscando tiros espectaculares y echando mano de un aliado, hasta ahora, desaparecido: su saque.

En efecto, Jack empezó a variar mucho más su selección de golpes ofensivos a partir de un saque que le daba cada vez más réditos. Así, al menos consiguió una cosa que parecía casi imposible: nivelar el duelo y permitir que el segundo set se moviese a ritmo de saques. Mientras tanto, las sensaciones que llegaban desde el otro lado de la pista no eran ni mucho menos brillantes: los golpes espectaculares habían dejado paso a un Nadal más ramplón, sin lanzar la derecha con demasiada convicción, incluso incapaz de martillear con fuerza el lado de revés de Jack Sock.

Los restos de Rafa se empezaban a quedar cortos y el norteamericano olió sangre en el primer mal juego al servicio del manacorí. Como el que no quiere la cosa, como el tiburón que se acerca a su presa, Sock vio la oportunidad… y la aprovechó. Lleno de carácter, pegando varios gritos e inclinando el juego psicológico a su favor, a Jack parecía irle la vida en el duelo, mientras que Nadal se mostraba cada vez más apático, sintiendo quizás la inactividad antes que la adrenalina competitiva.

Tercer set

Ya parecía un verdadero milagro que Jack Sock hubiese alcanzado el tercer set, en especial tras sufrir un 2-6 en contra en el primer parcial. Sin embargo, el estadounidense venía dispuesto a hacer saltar la banca. Otro extraño juego al saque de Nadal, lleno de errores en bolas neutrales, especialmente con la derecha, daban a Jack una ventaja que debía proteger en el tiempo. Se convertiría el duelo en una verdadera pelea contra sí mismo en el que Rafa era un espectador pasivo: no buscaba hacer demasiado con el resto, simplemente esperar una implosión de su rival que a punto estuvo de producirse en el 2-1.

Salvó los muebles en ese juego Sock, pero lo que no sabía el de Nebraska es que Rafael Nadal tiene más vidas que un gato. El mallorquín sacó su gen ganador, su garra, sus últimos esfuerzos: visiblemente tocado, lejos de la movilidad deseada e incluso dando a entender en su lenguaje gestual que existe algún tipo de molestia física que le molestaba, Rafa decidió pasar a la acción y tomar el control de los intercambios. Aprovechando cada segundo saque (y fueron bastantes, puesto que el porcentaje de primeros saques de Jack no llegaba al 50%) atacaba sin piedad el revés de Sock (algo que no hizo demasiado en el día de hoy) y levantó al público de sus asientos cuando confirmó el tan ansiado contrabreak.

El duelo se había convertido en una cascada de emociones que se intensificó cuando, 4-3 arriba, un Nadal claramente tocado disponía de una bola de rotura tras haber estado 0-40 por debajo en el juego al resto. Sock, que no metía un primer saque ni en una piscina, decidió invertirse de derecha y pegarle un verdadero manotazo a la pelota que, llámenlo destino o como quieran, terminó por entrar y caer casi en la línea de fondo, obligando a Nadal a agacharse y fallar un revés que, de haber entrado, se hubiese convertido en winner automático por todo el hueco que existía sobre la pista.

Jack salvó ese juego, puso el 4-4 y Nadal tampoco falló al saque, pero la realidad es que esas molestias físicas se habían convertido en una cojera intermitente. Sock, también visiblemente cansado tras un esfuerzo descomunal, necesitaba mantener el excelso nivel con su derecha para no sufrir y correr desde la línea de fondo, esperando quizás un tie-break que se convirtiese en su mejor aliado.

Ese tie-break llegó. Con el reloj marcando las tres horas de duelo y ambos jugadores exhaustos, con Nadal gesticulando con su cuerpo técnico y evidenciando que no estaba al 100%, con Sock en pie hacia la línea de meta casi con el corazón en lugar de con el cuerpo. Aún con todo eso, Nadal volvió a activar el modo ‘jugador grande’: olió los nervios de su rival tras un fallo exageradísimo con un resto de segundo saque, alargó los intercambios hasta hacer ver a Sock que no iba a superarle por ningún lado, cimentando una ventaja de dos minibreaks en un abrir y cerrar de ojos.

Y no había otra manera de cerrar el duelo que con una derecha paralela absolutamente mágica. Con un gesto más de alivio que de alegría, tras más de tres horas en su primer partido en el circuito desde Roland Garros, Nadal cerraba un absoluto thriller nocturno en Washington por 6-2, 4-6 y 7-6(1). Con una igualdad ofensiva manifiesta, prácticamente simétrica (ambos firmaron 41 winners), la entereza mental y la experiencia de Nadal en los momentos importantes pesaron más que cualquier lesión. A pesar del increíble mérito de Jack Sock, que soltó la derecha como hacía años que no lo conseguía y que nunca le perdió la cara al partido en cuestión de actitud, Rafa se impuso en su debut en la capital, cerrando la puerta al estadounidense pero no a unas molestias físicas que veremos hasta qué punto le dejan continuar en el torneo. De momento, la próxima estación se llama Lloyd Harris.

Con información de: Punto de Break


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